Por:
Hugo Reyes Saab
Si existe un escritor con capacidad para disponer “todo al revés”, es Óscar Godoy Barbosa. Esa destreza no responde a una rebeldía, sino a un recurso fino, artístico e intelectual, que lleva al lector a contemplar lo común con ojos distintos. Su pluma aborda los temas desde ese otro lugar donde muchos verían las cosas patas arriba, pero que él invierte con sus cuentos, donde estar en el lado opuesto es lo derecho.
Su libro "Todo al revés", abre las páginas con Susana y el sol, la historia íntima del gozo de una joven prostituta quien osa escaparse de su habitación oscura y maloliente, para disfrutar por un instante los rayos tibios de la mañana; los vecinos se escandalizan, ella ha pasado por alto quiénes son los dueños de esa luz; este es un privilegio para gente de bien, no para callejeras. Los gritos de reclamo de su proxeneta la hacen volver a la realidad… Una fuga, narra con lenguaje sencillo pero deslumbrante, la primera exploración del mundo de un escritor aprendiz, puesta en la curiosidad del joven que se atreve a tomar una calle distinta, trepar montaña arriba para escapar de su barrio, en busca de ese territorio intuido más allá de las casas que lo rodean. Ese atrevimiento despierta al hombre capaz de conquistar esos territorios… Los días del asombro, son la evocación nostálgica de las vacaciones del colegio, la ilusión de un futuro con más de esos momentos felices, y el fracaso de esos sueños debido a la violenta realidad del país. La pérdida de la inocencia, el recuerdo del padre ausente, se describen con maestría en las imágenes de las siete linternas de los asesinos al rastrear a sus víctimas en la oscuridad, y en la sombra impertinente del fotógrafo que se cuela en las fotos del álbum de la familia… Extinción, es el enfoque apocalíptico de las consecuencias extremas del odio y la violencia; poco a poco, un asesino sin rostro elimina a los habitantes de la ciudad; lo que en un principio parece un problema ajeno, se convierte en propio, pues nadie queda vivo. El temor a la muerte se instala en el corazón de los personajes, mientras un texto cinematográfico, con silencios interrumpidos por disparos y explosiones, advierte al espectador, que contenga la respiración ante el desenlace… El juguete abandonado, plantea la creación narrativa como una habilidad entre videncia o telepatía; un juego de realidades fantásticas, que da la posibilidad de presentir y vivir una historia antes de escribirla.
Así pasan otros títulos, páginas, emociones y giros, secuencias entrañables de un libro donde es fácil imaginar que Óscar es ese niño que una mañana se fugó de su habitación, trepó la montaña, quitó el broche de la cerca que le impedía el paso a lo desconocido, y se deslizó por el boquete hacia un nuevo continente: un acto que lo hace ser el conquistador de su radiante literatura.
